El Papa urge a orar por la formación en el discernimiento espiritual

Este mes de marzo, el Papa Francisco nos ha pedido a todos que oremos con él por la Formación en el discernimiento espiritual. Su intención es “que la Iglesia pueda apreciar la urgencia de la formación en el discernimiento espiritual, tanto a nivel personal como comunitario”. Por “la Iglesia” nos referimos a todos los bautizados, no solo a los sacerdotes y las jerarquías. Necesitamos, como cristianos y como comunidad proporcionar y buscar formación en este arte del discernimiento.

Tal vez no somos conscientes de que todos podemos practicar el discernimiento espiritual. Pero la mayoría de nosotros necesitamos una guía para que el discernimiento sea una realidad más profunda,  una actitud creciente del corazón en lugar de una técnica que se debe enseñar. Más o menos como el joven Samuel, en la historia del Antiguo Testamento, quien tuvo al anciano sabio Eli para interpretar su experiencia de la llamada de Dios. Al igual que Samuel nosotros también podemos ser guiados por una figura como la de Eli y en nuestro director espiritual.

No todo el mundo es capaz de realizar ese papel. La persona debe estar especialmente entrenada y calificada, y nunca debe tratar de dirigir o entrenar a la persona que busca discernir. ¡Hay una gran diferencia entre el acompañamiento espiritual y el coaching de vida actualmente de moda! Un buen guía espiritual o director hará muy poca dirección, de hecho dirá muy poco pero escuchará con atención nuestra historia.

San Ignacio de Loyola descubrió la posibilidad del discernimiento espiritual en sus propias experiencias místicas, por lo que no es sorprendente que este Papa jesuita lo ponga en primer plano como su intención mensual. El gran legado de Ignacio, los Ejercicios Espirituales, contiene una gran guía para el discernimiento, pero, una vez más, no debe leerse como un libro de instrucciones o de autoayuda. El discernimiento tiene sus raíces en la oración y no puede ser de otra manera. Tal oración nos abrirá gradualmente a ese “lento trabajo de Dios” (Teilhard de Chardin SJ) que no podemos apreciar a menos que demos tiempo y espacio para la oración. Por lo tanto, la oración ignaciana de conciencia diaria (conocida como Examen) es un requisito previo necesario para el discernimiento, ya que nos abre al misterio de la presencia y acción de Dios en nosotros y en nuestro mundo. ¡Eso es lo que nos permite discernir!

El discernimiento espiritual a veces se presenta como si fuera una forma de tomar decisiones, y algunas veces como el proceso real de toma de decisiones. Lo que se conoce como discernimiento ignaciano de espíritu es una herramienta para tomar buenas decisiones, de hecho, lo mejor que hay para un cristiano. Una persona puede decidirse a tomar una decisión lo mejor que pueda. Ellos considerarán, en oración, en qué son buenos y cómo esos dones y habilidades se pueden aplicar al bien común. También meditarán sobre sus sueños y deseos, examinando lo que es creativo y lo que es destructivo, porque Dios habla allí también. Tratarán de hacer una ofrenda de sí mismos y sus talentos. Poco a poco aprenderán que una decisión claramente resuelta, permanentemente válida, probablemente sea poco realista. Pero habrán desarrollado un corazón discernidor que estará vinculado al mismo Corazón de Cristo, en todo lo que decidan y hagan. ¡Qué resultado tan maravilloso sería, tanto para nosotros personalmente como para nuestras parroquias y comunidades!

Momento de oración: Pídele al Espíritu de Dios que te guíe a un lugar de quietud interior. Trata de encontrar algunos momentos y un lugar exterior donde puedas estar en paz y en oración, aunque solo sea por unos minutos. Hazte consciente de que Dios te está mirando, ahora. Descansa en la mirada de Dios por unos momentos. Intenta recordar una decisión que tendrás que tomar en algún momento. Comienza a considerar, en este espacio de oración, diferentes cursos de acción posibles para ti. Observa lo que te atrae y te anima sobre posibles estrategias. Observa también cuando un posible resultado te hace sentir incómodo o incómodo. Pídele al Espíritu de Dios un corazón puro y el don del discernimiento. Toma nota cuidadosamente de qué sentimientos surgen en su corazón mientras lo haces. No los juzgues ni los analices, pero solicita al Buen Espíritu que te muestre el significado más profundo que presentan.

Te proponemos tres desafíos para el próximo mes:

– Durante todo el mes, dedica tiempo a meditar, a nivel personal y comunitario, sobre los acontecimientos actuales y  busca discernir en ellos las formas en que Dios habla a nuestros corazones. Da gracias a Dios por lo que va bien, lo que da fruto … y evalua lo que debe cambiar …

– Pide la gracia de la libertad interior, cuestionando sin miedo los tipos de declaraciones que pueden bloquear un verdadero proceso de discernimiento como: “siempre se ha hecho” o “ya no vale la pena”.

– Organiza, en la comunidad o parroquia, un momento de oración e intercambio sobre los beneficios del discernimiento y cómo puede generar ideas para la acción futura. ¿Qué pasos concretos se deben tomar y cómo se puede seguir y seguir creciendo el proceso?

Oración para el discernimiento

Padre de toda bondad, envía a cada uno de nosotros tu Espíritu Santo, un espíritu de comprensión y sabiduría, que nos ayude a mirar el presente con gratitud y el futuro con esperanza.
Ayúdanos a liberarnos del desaliento y de todo tipo de resistencia,
abriéndonos con valentía y creatividad a lo que la Iglesia y el mundo más necesitan.
Haz crecer en nosotros el deseo de discernimiento,
para que nuestras comunidades puedan ser lugares de intercambio y diálogo,
testigos de Tu caridad y capaces de responder con generosidad
a lo que nos pides en cada momento.

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