Después de descubrir nuestro itinerario propio (venimos de Dios y vamos hacia Dios), se abre la pregunta por todo lo demás, es decir, todo aquello que nos rodea y de lo que no estamos aislados (otras criaturas, nuestras propias circunstancias, etc.). Para san Ignacio, las otras criaturas sirven como medios para que el hombre descubra a Dios; en el lenguaje metafórico de la meditación anterior: son los compañeros de viaje que nos ayudan a llegar a la meta.

Punto primero

Junto con el descubrimiento de que yo soy creado, descubro que todo lo demás también lo es: Dios ha creado todo de la nada. En este sentido, además, como obra suya, todo lleva la firma de su autor, la huella del Creador.

Como criaturas, las otras cosas nos conducen a Dios, porque nos dicen algo de Él. En este sentido, en el relato del Génesis ya se explica que las criaturas han sido creadas para el hombre, es decir, para ayudarnos a llegar a nuestro destino, porque el hombre, por sí solo, no llegaría (en la meditación anterior veíamos la dependencia total del hombre, que por sí mismo no es nada…).

Como el hombre es, por sí mismo, nada, necesita de las criaturas para alcanzar su meta.

Punto segundo

De lo microscópico a lo macroscópico, todo el Universo lleva el sello del Creador. (Hay un orden perfecto desde la estructura de una célula hasta el movimiento de las galaxias). Donde hay orden, hay inteligencia. De esta manera, toda la creación habla del poder creador de Dios.

Además, la Creación entera recorre el mismo itinerario que la vida humana: es nuestra compañera de viaje. Es criatura de Dios, y por eso viene de Dios y se dirige a Él. Las criaturas nos acompañan en nuestro camino de vuelta.

Al mismo tiempo, nada de lo creado puede saciar nuestra sed de eternidad, (estamos hechos “a su imagen y semejanza”). Las criaturas nos llevan a Dios, pero no son Dios, por eso nos resultan insuficientes si las confundimos con el fin del camino. Dicho con una imagen metafórica: nadie se compra las mejores botas para guardarlas en el armario, sino para que le ayuden a subir a la cima.

En definitiva, para el ser humano las criaturas son útiles de tres maneras:

-Contemplándolas descubrimos al que las creó;

-Usándolas para llegar al final del camino;

-Sabiendo que sólo Dios puede saciar nuestra sed.

De la criatura al Creador: la obra de arte lleva el sello del artista. La Creación es de Dios y se dirige a Él (recorre nuestro mismo camino). La Creación no es Dios, pero nos conduce a Él.

Punto tercero

Dios es el fin (la meta), las criaturas son los medios (los compañeros de viaje). Debo amar todo lo que no es Dios (aficiones, salud, riqueza, libertad…) en cuanto me conduce a Dios, a la Vida en plenitud. No se sigue una dieta por sí misma, sino por el objetivo que nos fijamos al seguirla; no se toma una medicina si no es para tener salud.

Para san Ignacio, el origen de todo desorden moral es justamente el de confundir los medios y los fines. ¿Qué diríamos de uno que toma un medicamento porque le gusta su sabor?

-El hombre está llamado a participar de lo más alto, no a ser esclavo. Por eso, poner el corazón en lo que de verdad importa. Dice san Agustín: “Eres, oh hombre, lo que amas: amas la tierra, serás tierra”.

Usar la creación nos lleva a Dios, abusar de ella nos aleja de Él. Las botas sirven para subir montañas, no para hacer natación.

El amor de Dios por encima de todo lo creado. La libertad consiste en usar la creación para encontrar a Dios. Por el contrario, la peor esclavitud es la de confundir los medios en fines. Dios nos creó para la libertad y para el amor.

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