8 pasos para discernir lo que pasa en tu corazón según San Ignacio de Loyola

Estas pautas ayudan a un alma con problemas a discernir los muchos movimientos que ocurren dentro del corazón. Mientras estaba postrado en cama por una lesión grave, San Ignacio de Loyola comenzó a preguntarse sobre el estado de su propia alma y los diferentes sentimientos que experimentaba al tomar decisiones. Escribió la siguiente revelación en su autobiografía (escrita en tercera persona).

No consideró ni se detuvo a examinar esta diferencia hasta que un día sus ojos se abrieron parcialmente y comenzó a preguntarse por esta diferencia y reflexionar sobre ella. Por experiencia, sabía que algunos pensamientos lo dejaban triste, mientras que otros lo hacían feliz, y poco a poco llegó a percibir los diferentes espíritus que lo estaban moviendo; mientras unos venían del diablo, otros venían de Dios.

La revelación permaneció con él por el resto de su vida y la transmitió en sus Ejercicios espirituales. Allí pudo ofrecer un conjunto específico de orientaciones y consejos para ayudar a discernir en situaciones que regularmente se dan en la experiencia espiritual. Desde entonces, muchos han encontrado consuelo en “sus reglas” y consejos y acuden a ellas para comprender mejor los movimientos de Dios en su alma.

La finalidad de “estas reglas” es ayudar a conocer las mociones, los movimientos interiores que experimentamos cuando nos ponemos en situación de discernimiento, movimientos a través de los cuales el Señor se nos hace presente.  Y a partir de aquí, saber qué mociones y sentimientos hemos de tener en cuenta y cuáles hemos de desechar.

A continuación están las ocho reglas que San Ignacio da en sus Ejercicios Espirituales.

  • Primera: propio es de Dios y de sus ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo espiritual, quitando toda tristeza y turbación, que el enemigo induce; del cual es propio militar contra la tal alegría y consolación espiritual, trayendo razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias.

COMENTARIO: Importantísima esta regla, parece mentira que San Ignacio pudiese con tan
pocas palabras decir tanto y resumir tantas verdades… “Propio es de Dios y de sus ángeles, en sus mociones, dar verdadera alegría y gozo espiritual, quitando la tristeza y la turbación”: si yo tengo una moción, un pensamiento que se me cruza por la cabeza, una idea de hacer tal o cual obra, un proyecto (cualquier cosa que uno pueda poner en tela de juicio si es de Dios o no): si me da paz, si me da alegría, si viene con tranquilidad… signo es entonces que es de Dios. Habrá que hacer algunas otras averiguaciones, pero ya uno tiene un gran parámetro para medir.

“Propio es del mal espíritu poner razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias”. El enemigo quita la consolación y alegría espiritual: si viene con confusión, con tristeza, con duda… entonces eso no es de Dios. Dios quiere la cruz, por medio de la cruz nosotros tenemos que llegar a la santidad, pero no nos quiere tristes, no nos quiere turbados. Él quiere que seamos felices, Él nos quiere alegres, aun en medio de las cruces. Él quiere que nosotros progresemos en la virtud, y es muy difícil progresar en la virtud y llegar a la santidad si uno esta triste, “un santo triste es un triste santo” y eso el diablo lo sabe, entonces hará todo lo posible para que uno pierda la paz, para que uno se embadurne con pequeñas cosas y se complique y de vueltas y vueltas con una cosa, la otra, y no encuentre esa paz.

Muchas veces estas asiduas falacias no son otra cosa que escrúpulos… (si algo esta bien o no esta bien, esto o lo otro, dudando de una cosa, de otra…) perdiendo tiempo, perdiendo la paz. Es cierto que uno tiene que tener una conciencia delicada y tratar de penetrar hasta lo último en las pequeñas cosas que Dios me está pidiendo, pero eso no es ser escrupulosos. Por tanto, gran regla y que hay que hacerla carne en nuestra vida: si algo no viene con paz, no es de Dios.

Hay que hacer algunas aclaraciones igualmente: una persona que comete un pecado, en cierto momento puede sentir alguna “paz”, pero es muy distinta a la paz de la que se está hablando aquí. San Ignacio supone que sabemos todo esto: la paz en el mal no es paz, la alegría en el mal no es alegría verdadera. Aquí se está hablando de una paz espiritual, perfecta. Aquello que me contrista, que me quita la paz, no es de Dios (una y otra vez repetírmelo). Puede ser que lo que me quite la paz del momento es hacer una obra de caridad, muy perfecta y que me cueste un poco, pero eso es del momento y uno en el fondo se da cuenta de que eso es una cosa muy buena.

Hay veces que realmente me quita la paz una obra de bien y puede ser porque no estoy
llamado yo a hacer eso (pienso “quizás Dios me está pidiendo que haga ayuno de quince días” y capaz que eso me quita un poco la paz, pero justamente porque eso no es de Dios), por eso hay que tener cuidado porque incluso en las obras de bien puede el ángel malo camuflarse, como ya vamos a ver.

  • Segunda regla. Sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación a la ánima sin causa
    precedente; porque es propio del Criador entrar, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de la su divina majestad. Digo sin causa, sin ningún previo sentimiento o conocimiento de algún objeto, por el cual venga la tal consolación mediante sus actos de entendimiento y voluntad.

COMENTARIO: Ya sabemos que es la consolación, ya lo aprendimos en la regla de discernimiento para la primera semana. Si yo tengo una consolación “con causa”, puede que sea de Dios o puede que no, si es “sin causa” entonces seguro es de Dios. ¿Qué es tener una consolación con causa? Simplemente tener un motivo que haga que a mi se
me pueda ocurrir lo que estoy pensando (por ejemplo: veo una película de la Madre Teresa de Calcuta, que dejó todo e hizo obras grandes, entonces después se me cruza un pensamiento de que yo tengo que hacer lo mismo; si soy padre de familia o madre de familia se me cruza el pensamiento de que tengo que dejar todo y trabajar con los pobres, y me da consuelo eso porque me parece que es buscar la santidad y seguir a Dios, pero aquí uno puede decir “esto tiene una causa”, es cierta consolación pero… tiene una causa: acabo de ver una película).
Entonces uno ya puede dudar, porque si hay causa puede ser también del mal espíritu, porque el diablo tiene entrada también hasta nuestra imaginación, tiene poder sobre la materia, entonces algunas cosas de la imaginación él puede utilizarlas, con el permiso de Dios por supuesto, y nosotros podemos creer que son de Dios. O por nuestra misma naturaleza, por las cosas que hemos guardado en la memoria (decimos “estaría bueno hacer esto, o lo otro”).

Si es con causa, entonces tener cuidado porque puede que sea de Dios o puede que no sea de Dios. “Sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación a la ánima sin causa precedente; porque es propio del Criador entrar, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de la su divina majestad”. Si la consolación es sin causa, se me ocurre algo y no estaba pensando en eso, no hay ninguna cosa inmediatamente anterior que yo pueda decir “se me ocurrió esto”, entonces es signo de que es de Dios, porque “es propio de Dios entrar, salir, hacer moción en ella (en el alma)”, solo Dios puede hacer eso, solo Dios puede atraer al alma a su amor, sin pedirle permiso para entrar, por supuesto queda nuestra libertad de aceptar eso o no, pero Él es el único que puede hacerlo.

  • Tercera regla.  con causa puede consolar al ánima así el buen ángel como el malo, para contrarios fines: el buen ángel, por provecho del ánima, para que crezca y suba de bien en mejor; y el mal ángel para el contrario, y adelante para traerla a su dañada intención y malicia.

COMENTARIO: Esta regla complementa lo que venimos diciendo: también puede ser que con causa sea el buen ángel el que me esta dando una moción – el ángel de la guarda o algún ángel de Dios – o incluso el mismo Dios, pero con alguna causa. No quiere decir que si hay alguna causa siempre sea una cosa mala, simplemente que uno tiene que discernir un poco más, porque el ángel bueno será para que yo haga cosas buenas, y el ángel malo será para que yo vaya perdiendo escalones en esta subida a la santidad.

  • Cuarta Regla. Es propio del malvado Ángel, que se forma bajo la apariencia de un ángel de luz, entrar con el alma devota y salir consigo mismo; es decir, traer buenos y santos pensamientos, conforme a tal alma justa, y luego, poco a poco, pretende sacar al alma de sus engaños encubiertos y sus intenciones perversas.

COMENTARIO: Uno tiene que entender esta verdad también. Puede ser que se me ocurra
hacer algo, o cambiar algo en mi vida (algún propósito o cualquier cosa que sea) que aparentemente sea buena y que sin embargo no sea lo que Dios pide. El diablo, lamentablemente, nos conoce muy bien, entonces – como veíamos en las últimas reglas de discernimiento para la primera semana – él, como nos conoce, es como un caudillo que va a atacar un castillo, él sabe como atacarlo, entonces si nosotros vamos mejorando en la
vida espiritual no nos va a ofrecer cosas pecaminosas muy grandes, porque sabe que las vamos a rechazar, pero si puede ofrecernos cosas menos buenas de las que estamos haciendo, algo bueno pero que no es lo que tenemos que hacer (por ejemplo: una madre de familia que se le ocurra que tiene que rezar cinco horas al día, ir a misa todos los días… y se olvida de sus hijos, sin dudas que eso no es de Dios y esa puede ser una moción del ángel malo).
Si estoy cumpliendo el deber de estado en alguna cosa y me hace dejarlo por otra cosa que
parece buena, después cuando pasa el tiempo y veo las consecuencias que tiene ahí me doy cuenta que realmente no era lo mejor; lo importante es verlo antes, ver que incluso el ángel malo se puede disfrazar de ángel de luz. No todo lo bueno que se me ocurre es lo que Dios quiere. Hay que ver si me trae paz, si no es menos bueno de la cosa que ya estoy haciendo, si no va en contra de algún deber que tengo,etc.

  • Quinta regla. debemos mucho advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinado a todo bien, señal es de buen ángel; mas si en el discurso de los pensamientos que trae, acaba en alguna cosa mala o destructiva, o menos buena que la que el ánima antes tenía propuesta de hacer, o la enflaquece o inquieta o conturba a la ánima, quitándole su paz, tranquilidad y quietud que antes tenía, clara señal es proceder de mal espíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna.

COMENTARIO: ver si el comienzo, el medio y el fin de los pensamientos que se me vinieron son buenos, o sea, inclinados a todo bien. Si hay alguna cosa que no es tan buena, o es menos buena de la que estaba haciendo, o es distractiva, sin duda que no es de Dios.
Por ejemplo: un joven estudiante tiene que rendir un examen y piensa “podría escribirle una carta a mi amigo fulano de tal… y se pone a escribir la carta, y piensa que está haciendo una obra de caridad impresionante, porque este amigo necesita esta carta, y tiene que escribirle… y escribe una y otra y se da cuenta que hace tanto tiempo que no escribe, tanto tiempo sin escribir una carta… “cómo voy a dejar pasar este apostolado epistolar!?”… se le pasa toda la tarde escribiendo cartas, llega la noche cansado y piensa de nuevo… “el examen de mañana”… y al otro día lo aplazan) Entonces ver: una cosa buena, (escribirle una carta al amigo es una obra buena de apostolado) pero menos buena de la que estaba haciendo (porque tenía que cumplir el deber de estado). El mal ángel lo distrajo de las cosas que estaba haciendo.

Puede ser que sea del buen ángel recordarme al amigo… “cuando pueda le escribo y listo”,
pero si me pongo a hacer la cosa y me distraigo… entonces tener cuidado y ver que incluso la misma cosa que se me ocurre puede ser buena, puede traerme cierta intranquilidad, pero como dice San Ignacio al terminar “si enflaquece, o inquieta o conturba el ánima”, quitándole la paz, la tranquilidad, por más que sea buena también es sigo de que pueda ser del mal ángel.

  • Sexta Regla.  Cuando el enemigo de la naturaleza humana ha sido percibido y conocido por la cola de su serpiente y el mal final al que conduce, ayuda a la persona que fue tentada por él a mirar inmediatamente el curso de los buenos pensamientos que le trajo a su comienzo, y cómo, poco a poco, se propuso hacerlo descender de la dulzura y el gozo espiritual en que se encontraba, hasta el punto de llevarlo a su depravada intención; para que con esta experiencia, conocida y notada, la persona pueda protegerse del futuro contra sus engaños habituales.
  • Séptima Regla. En aquellos que van de bueno a mejor, el ángel bueno toca a tal alma dulce, ligera y suavemente, como una gota de agua que entra en una esponja; y el mal lo toca bruscamente y con ruido e inquietud, como cuando la gota de agua cae sobre la piedra. Y los espíritus antes mencionados tocan de manera contraria a aquellos que van de mal en peor. La razón de esto es que la disposición del alma es contraria o similar a los dichos Ángeles. Porque, cuando es contrario, entran perceptiblemente con estrépito y ruido; y cuando es así, entran silenciosamente en su propia casa, a través de la puerta abierta.

COMENTARIO: Generalmente si yo voy de bien en mejor, subiendo el camino espiritual, las
mociones de los buenos ángeles o de Dios mismo van a ser suaves, van a ser como esa suave brisa que sentía el profeta que buscaba a Dios: lo buscó en el viento, en el fuego, en el ruido y solamente Dios estaba en la suave brisa. Ver entonces en nuestra vida: si estamos de bien en mejor y se nos ocurre algo, viene un pensamiento muy estrepitosamente, muy alborotadamente con falta de connaturalidad… muy probablemente eso no sea de Dios.

A veces puede pasarle a una persona escrupulosa, que de un momento para otro se de cuenta “hice esto mal” y se le viene un pensamiento dolorosísimo de algo que hizo mal y que casi no se había ni dado cuenta y de todas las consecuencias que tiene… es un pensamiento muy estrepitoso: eso no viene de Dios; justamente el diablo sabe que la persona es escrupulosa y por ahí le ataca.

Si fuese que Dios quisiere remordernos con alguna cosa que hemos hecho mal, es muy
distinto: es más suave, con la dulzura del arrepentimiento. Tampoco puede ser que me de cuenta que hice algo tan mal si en el momento que lo hice no me daba cuenta, si puede ser algo para mejorar, algo en lo que no estuve tan bien, puede ser una falta menor pero no puede ser un pecado grave sin haberme dado cuenta. (Además, para que haya pecado mortal sabemos que tiene que haber pleno conocimiento, pleno consentimiento, y materia grave). Y si uno va de mal en peor uno no está en el camino de la virtud sino que se ha apartado, entonces es el contrario modo: las cosas que nos induzca, nos muestre o nos trate de proponer el mal ángel, van a ser dulces, van a ser suaves, van a ser como connaturales a nosotros, no van a entrar con estrépito a nuestra alma; y las del buen ángel si – por los contrarios, como dice San Ignacio-.

  • Octava Regla. Cuando la consolación es sin causa, dado que en ella no haya engaño por ser de solo Dios nuestro Señor, como está dicho, pero la persona espiritual, a quien Dios da la tal consolación, debe, con mucha vigilancia y atención, mirar y discernir el propio tiempo de la tal actual consolación, del siguiente en que la ánima queda caliente, y favorecida con el favor y reliquias de la consolación pasada; porque muchas veces en este segundo tiempo por su propio discurso de hábitos y consecuencias de los conceptos y juicios, o por el buen espíritu o por el malo forma diversos propósitos y pareceres, que no son dados inmediatamente de Dios nuestro Señor; y por tanto han menester ser mucho bien examinados, antes que se les dé entero crédito ni que se pongan en efecto.

COMENTARIO: Tengo una consolación de parte de Dios, me doy cuenta que es de Dios: es con paz, no hay ninguna causa precedente… pero tener en cuenta: una cosa es lo que Dios me indica inmediatamente que tengo que hacer, que tengo que cambiar, que tengo que mejorar, etc. y otra cosa es, a partir de eso, las consecuencias que yo saco, que pueden ser de Dios y puede que no.
Por ejemplo: se me ocurre un pensamiento “tengo que entregarme todo (o toda) a Dios”, ese pensamiento uno no puede dudar que es de Dios, entregarse así no puede ser de la naturaleza humana, ni del diablo (porque nunca nos va a sugerir algo tan perfecto). Eso es de Dios, ahora “el alma queda caliente” dice San Ignacio y sigue razonando a partir de los hábitos que tiene, las costumbres, la manera de juzgar, entonces, si, por ejemplo, esa persona es escrupulosa: “tengo que entregar todo a Dios significa que no tengo que mirar mas nada, que no tengo que ir a ningún lado, que no tengo que comer más nada, que no tengo que…”; o si la persona es muy irascible: “significa que tengo que matar a todos los herejes, los pecadores de la ciudad…” eso ya no es de Dios.
Entonces, cuando no tengo duda que la consolación es de Dios, discernir si es todo de Dios o lo que sigue procede de mí mismo, procede de el espíritu que – como dice San Ignacio – queda caliente y suele razonar a partir de lo que Dios dio (de acuerdo a lo que uno ya a tenido antes) y eso puede hacer entonces que no sea bueno lo que estoy terminando de decidir.

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