La ONG que comenzó en un cobertizo escocés y ahora alimenta a un millón de niños al día

El fundador de Mary’s Meals, Magnus Macfarlane-Barrow, afirma que el objetivo de su ONG de lograr que todos los niños del mundo puedan recibir una comida diaria en sus centros escolares, “no es un sueño de locos” sino que, “es muy posible” pero recalca que no es sólo responsabilidad de Mary’s Meals lograr este objetivo. “Gracias a nuestra labor hemos convencido a muchos gobiernos para que empiecen a involucrarse en el proyecto”, afirma.

Nacido en un pequeño pueblo de Aberdeen, Escocia, Macfarlane nunca imaginó que la idea con la que comenzó Mary’s Meal en 2002 alimentando a 200 escolares en Malawi, acabase dando de comer a más de un millón de niños al día de 12 países en sus centros escolares. Sólo en Malawi cuentan con una red de 80.000 voluntarios. “Es un misterio que esta labor haya crecido tanto”, reconoce Macfarlane en una entrevista con Europa Press.

Después de 15 años, Macfarlane, quién fue nombrado en 2010 como uno de los diez héroes del momento por la CNN y en 2015 una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista TIME, afirma que todos los días sigue teniendo una sensación de sorpresa, “de sorpresa alegre”, y sobre todo, “de profundo agradecimiento” por poder dedicar su vida a este proyecto.

Y precisamente la historia de la fundación de esta organización la que se plasma en el libro ‘El cobertizo que alimentó a un millón de niños’ (Editorial Planeta) escrito por su fundador. “Me di cuenta de que la historia de Mary’s Meals hacía muy feliz a la gente y al llegar a la cifra del millón de comidas diarias todos los días lectivos, pensamos que era un buen momento para contar la historia y hacer una invitación a los futuros lectores a participar de este proyecto”, explica.

La idea de Mary’s Meals es muy sencilla: Dar de comer a los niños en la escuela para que aprenda y puedan salir de la pobreza. La forma de organizarse es en comunidades. “La Fundación lo que hace es comprar el alimento a los agricultores locales y darles esa comida a la comunidad”, explica. Así, es la propia comunidad la que se encarga de recoger los alimentos, cocinar y repartir las raciones diarias. Se organizan por turnos y en una red de voluntarios.

“Queríamos evitar a toda costa el error de imponer una idea a la gente; más bien deseábamos que la idea fuera más suya que nuestra”, dice Macfarlane. Los resultados se vieron enseguida. Los niños que no iban a clase por enfermedad y hambre, empezaron a acudir cada día. Aumentaron el número de niños matriculados y los niños que nunca habían ido a la escuela, empezaron a ir enviados por sus padres. “Los padres estaban dispuestos a prescindir de la ayuda de los pequeños en el campo y en la casa”, explica.

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Sin embargo, la historia de Mary’s Meal nace mucho antes, cuando Macfarlane tenía 15 años y viajó, junto con su hermana Ruth y un grupo de amigos a Medjugorje (Bosnia), una experiencia vital “fundamental” en su vida y en su fe. Por ello, años más tarde, al ver en la televisión una serie de reportajes sobre la guerra en Bosnia, Macfarlane no dudó en comenzar una campaña de recogida de alimentos para llevar en camión junto con su hermano. “Era tanto el cariño que habíamos recibido en ese primer viaje que no dudamos en que teníamos que hacer algo por ellos”, afirma.

La sorpresa llegó cuando al regresar del viaje, las donaciones habían seguido llegando y el cobertizo de casa e sus padres estaba lleno de alimentos. Fue entonces cuando Macfarlane tomó la decisión de dejar su trabajo en una piscifactoría, vender su casa y comprar un camión más grande para seguir llevando material y alimento a Bosnia Herzegovina y a Croacia. A partir de entonces, su vida se llena de viajes, encuentros con gente dispuesta a ayudar y una red de voluntarios dispuestos a seguir colaborando con su proyecto.

Pero el verdadero punto de inflexión en la vida de Macfarlane fue conocer a Edward, un niño de 14 años que, al ser preguntado por su sueño en la vida contestó: “Quiero tener suficiente comida y algún día ir al colegio”. “Estas palabras se grabaron en mi corazón y fue la chispa que terminó alumbrando Mary’s Meals”, confiesa.

“SÓLO CONTAMOS HISTORIAS”

Macfarlane explica que es un “misterio” lo lejos que ha llegado este proyecto ya que, para recaudar fondos, no siguen ninguna estrategia concreta ni invierten en anuncios ni en márketing. “Simplemente contamos la historia y les decimos a la gente lo que podemos hacer con su dinero. La experiencia nos dice que cuando la gente conoce el proyecto muchas veces se convierten en unos apasionados del mismo, y son ellos los que se les ocurren las mejores ideas de financiación: campañas en sus comunidades, festivales solidarios, encuentros, colectas, etc”, afirma.

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Sin embargo, el objetivo a largo plazo de Mary’s Meal es que sean los propios países quienes asuman el proyecto. Actualmente están en conversaciones con el Gobierno de Malawi y de Liberia, donde llevan más años de labor y han podido ver los beneficios del programa. “En Malawi por ejemplo ya tienen un proyecto piloto de comedores escolares basado en nuestra experiencia”, afirma.

En todos estos años, lo más difícil para el escocés es tener que decir que no a proyectos que les ofrecen. “Todas las semanas viene gente a preguntarnos si podemos abrir Mary’s meals en su país, en su escuela, etc. Pero lo más duro es tener que decir que no a escuelas en países donde ya estamos trabajando. Después de visitar su comunidad y ver que tienen mucha esperanza en que lleguemos hasta ahí, lo más duro es esa espera”, revela.

SUS PADRES, EJEMPLO DE VIDA Y FE

Casado y con siete hijos, afirma que tuvo la gran suerte de conocer a su mujer Julie en uno de sus primeros viajes a Bosnia. “Ella ama esta misión tanto como yo y eso es muy importante para la familia”, añade. Con respecto a sus hijos, confiesa que se siente un poco protector e intenta que no se hable siempre de Mary’s Meals en casa porque quiere que crezcan “en libertad”. Aún así, revela que su hijo mayor acaba de abrir un grupo de apoyo de Mary’s Meals en la universidad y que los pequeños hacen colectas en sus escuelas. “Creo que aman mucho este proyecto y se siente muy orgullosos de formar parte de él”, afirma.

Muchos le han preguntado si el estar en contacto con la pobreza y realidades tan difíciles, le ha provocado alguna crisis de fe. Sin embargo Magnus afirma que desde su viaje a Medjugorje donde vivió “un nuevo encuentro con Dios y con su Amor”, nunca ha perdido la fe y que, al contrario, “los numerosos encuentros con la gente y con la belleza del ser humano no han hecho más que aumentarla”.

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Además, reconoce que el estilo de vida de sus padres, así como su fe en Dios, le han influenciado enormemente. “Mis padres decidieron cambiar su hostal de huéspedes por una casa de oración que sigue en funcionamiento. Hicieron elecciones diferentes y muy radicales en su vida que me  influenciaron mucho. Cuando creces viendo eso en tu familia te transmite una mayor sensación de libertad”, señala.

La casa de oración Craig Lodge sigue en funcionamiento y es, en el cobertizo donde empezaron recolectando donaciones, donde Magnus eligió poner su oficina. “Esto me ayuda a no perder de vista mis orígenes”, revela.

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