¿Cómo aprendo a gestionar mejor el tiempo?

El tiempo es un bien democrático, igual para todos, pero cada uno le saca un partido distinto. Uno de los aspectos en lo que mas se retrata el ser humano es en el modo de aprovecharlo o de perderlo.

El tiempo vuela. Y hay que apresarlo exprimiéndolo como un limón, sacándole el máximo partido. Con exigencia y serenidad. La educación para aprovechar el tiempo empieza en los primeros años de vida. El niño observa lo que hacen sus padres y sin tener aun conciencia de la velocidad del viento, que pasa fugitivo por delante de nuestras narices, el crío va racionalizando y sedimentando en su cabeza lo que sus padres hacen en la vida ordinaria y en la extraordinaria.

Saber gestionar bien el tiempo personal es un arte, que requiere aprendizaje y buena cabeza. Una buena planificación es la base inicial donde se forma un buen estudiante y también donde mas tarde se labra una persona firme, sólida, madura.

Un niño que no tiene educada la capacidad para aprovechar el tiempo, si no cambia, será un adolescente indefenso: Traído y llevado y tiranizado por lo inmediato, por la apetencia del momento, por aquello que desde fuera pide paso y solicita con reclamo su atención.

La pedagogía del tiempo es liceo y academia. En el mundo ateniense la academia era un jardín donde Platón se reunía con sus discípulos. En el liceo, Aristóteles paseaba con sus alumnos y se hablaba de temas diversos. En aquel entonces, enseñar consistía en formar un ciudadano para el dialogo entre el maestro y sus discípulos, estos últimos admiraban las respuestas de aquel y discutían ardientemente sus teorías. Toda la historia de la escuela en occidente esta elaborada a base de unos modelos concretos. Así ocurre con la escuela romana con respecto a la ateniense, la Universidad en relación con la Edad Media, el Barroco con respecto al Renacimiento. El Romanticismo en relación con la Ilustración. Rousseau decía que el maestro es como un jardinero:;él no es el autor de las flores, sino su estimulo, su auxilio y el testigo de su crecimiento. La pedagogía auténtica debe facilitar la tarea para que el niño llegue a ser lo que en realidad debe ser, promover todo lo bueno y positivo que lleva dentro

El tiempo tiene importancia para el ama de casa, para el ciudadano de a pié y para todo aquel que quiera sacarle jugo.

El orden es el placer de la razón. El orden es un sedante que se cuela por los entresijos de todo lo que toca. En estos principios del curso académico, uno de los primeros aspectos que hay que fomentar es aprender a hacer un plan de estudio para estudiar bien debe existir el orden. Sin orden no hay posible avance en este campo, por mucho que uno lo intente. Hay que concretarlo mas: El orden y el horario van unidos en un principio. A lo largo de toda la historia de las ideas pedagógicas este principio se constituye en el fundamento de todo lo demás. Uno de los principales efectos del orden es que proporciona paz y hace ver las cosas que hay por delante con claridad y serenidad. Gestionar es planificarse bien, ser realistas y exigentes al mismo tiempo. Lo primero quiere decir que debemos diseñar un organigrama teniendo en cuenta nuestras aptitudes y limitaciones. Lo segundo, significa ser valientes para arriesgar en la pelea intentado aspirar a lo mejor, aunque de entrada sea costoso y el esfuerzo para realizarlo parezca excesivo. Todo esto podría resumirse en la siguiente expresión: Hacer atractiva la eficiencia. También debemos tener en cuenta un cierto margen de imprevistos, que va desde el cansancio, al típico día malo, pasando por los cambios de la fechas de los exámenes o por la dificultad especifica para progresar en una materia concreta o en una lección especialmente difícil y complicada.

La fidelidad al horario es uno de los primeros aprendizajes; es mas incorporarlo al comportamiento personal es clave y si no se consigue pronto, todo lo demás será inestable y frágil.

La lectura es una necesidad . la literatura es un lujo; el aprovechamiento del tiempo es una cima a alcanzar. Esto se puede extender a todo el mundo. Hay quién pierde el tiempo y no es consciente de ello, casi ni se entera. Lo tira y lo malgasta.

En el otro extremo, estaría el que quiere aprovecharlo de forma obsesiva, enfermiza, patológica.

La persona equilibrad disfruta del tiempo, lo goza, lo aprovecha, lo domina, lo mete en los entresijos de su vida y sabe ponerlo a su servicio. La madurez es serenidad, benevolencia y planes concretos que se cumplen.

Libros recomendados
SOURCEEnrique Rojas
SHARE