“Descubrir que no somos mejores que los demás es revelador”

Le acompañan una bondad transparente y 20 libros y 200 artículos escritos sobre el perdón y la reconciliación entre parejas y familias. El último trata sobre la relación del perdón y la salud. Sus programas psicoeducativos para las personas que quieren alcanzar el perdón y no lo consiguen y sus libros Perdonar a los demás y perdonarme a mí mismo están disponibles gratuitamente en internet, así como manuales sobre el perdón para creyentes, ateos y parejas. “Mi filosofía es facilitar la información”. Ha participado en el seminario internacional sobre el perdón organizado por la UIC con el Colegio de Psicólogos de Catalunya, la Universidad de Virginia y la de Munich.

Everett Worthington, ingeniero nuclear y psicólogo, investiga sobre el perdón

Tengo 69 años. Soy investigador y catedrático de Psicología en la Universidad de Virginia. Casado, cuatro hijos y cinco nietos. Demócratas y republicanos se enrocan en posiciones extremas, no se relacionan de forma dialogante y cooperadora. Hay que promulgar la humildad política. Soy protestante.

¿Un psicólogo ingeniero nu­clear?
Era oficial de la Marina del ejército de EE.UU. Di clases de física nuclear a los marines durante la guerra de Vietnam. Mis alumnos estaban francamente estresados.

¿Por qué?
A los que no eran brillantes los enviaban a Vietnam, era una manera rápida de quitárselos de encima: ninguno sobrevivía. Yo los formaba y acompañaba psicológicamente, y me di cuenta de que eso era a lo que quería dedicarme. Así que volví a la universidad a estudiar Psicología.

¿Y por qué se especializó en el perdón?
Además de profesor en la universidad, me dedicaba al asesoramiento matrimonial, así descubrí que los que me consultaban tenían muchas cosas que perdonarse.

¿Asesoramiento matrimonial?
Quería ayudar a los demás a tener un matrimonio tan feliz como el mío. Según mis investigaciones, una buena relación viene determinada por la capacidad de crear un vínculo íntimo. La ruptura de ese vínculo es la causa fundamental de los problemas de pareja, y el perdón es el elemento fundamental para repararlo.

¿Cómo?
Desarrollé un proceso (REACH) para alcanzar el perdón emocional que ha sido probado en más de veinte estudios científicos.

¿Y en qué consiste?
R de recordar el daño que te han causado de una forma más generosa. E de empatía: intentar comprender por qué la pareja ha hecho lo que ha hecho, bajo qué presión y cuál es mi responsabilidad. A de altruismo, es decir: te doy el regalo del perdón de forma desinteresada.

Perdonar relaja.
Si consigo perdonar, eso cambia mi emoción, tengo menos amargura y más compasión hacia el otro. El ¡cómo pudo hacerme eso a mí! nos ciega, sobre todo en temas de adulterio.

Pesa más el cómo lo hizo que lo que hizo.
No se trata de entenderlo, sino de sustituir la emoción negativa por emociones más constructivas. C de comprometerse con el perdón y H del inglés hold (aferrarse a él), de modo que esas emociones negativas no se renueven ante comportamientos que nos recuerdan el que nos hizo daño.

Pide usted mucho.
Sé que es difícil. Yo mismo he tenido que pasar por ese proceso para poder perdonar.

En 1996 asesinaron a su madre anciana.
Un ladrón entró en su casa mientras dormía. Ella se despertó y él la golpeó brutalmente hasta matarla. Escapó y la policía, que fue muy chapucera, contaminó todas las pruebas.

¿No cumplió condena?
No por el crimen de mi madre. Yo acababa de publicar el libro sobre el método del perdón e intenté aplicármelo, ponerme en el lugar del ladrón: un joven que asalta una casa que cree vacía y al ser sorprendido le entra el pánico. Eso me ayudó a empatizar con él.

¿Empatizar no es demasiado?
Cuando me enteré tenía junto a mí el bate de béisbol y pensé: “Ojalá estuviera aquí ese tío, le daría con el bate hasta matarlo”. En realidad, mi reacción era peor que la suya, porque yo era un hombre más maduro y un experto en el perdón, y pese a ello lo habría matado a golpes.

Normal, ¿no?
¿Quién tiene el corazón más oscuro: él, que al ser sorprendido mata, o yo que con toda la intención decido que quiero matarlo? Darnos cuenta de que no somos mejores que los demás es revelador.

Su hermano se suicidó.
Él encontró el cadáver ensangrentado de mi madre y durante años sufrió estrés postraumático. Le insistí en que fuera a un experto, pero no quiso. Nuestro padre siempre decía que los psicólogos no servían para nada.

¿Y él heredó esa manera de pensar?
Sí. Había cierta competitividad entre nosotros, él despreció mis sugerencias y yo pasé. Con su muerte me sentí muy culpable de haber reaccionado como un adolescente, y fue así como empecé a investigar el perdón a uno mismo.

Ese es el más difícil.
Hay que intentar reparar de alguna forma lo que uno ha hecho. En mi caso, me volqué en ayudar a la viuda de mi hermano. Si has hecho una afrenta a la humanidad, puedes intentar repararla mediante un voluntariado. No es un intercambio, pero al menos es un esfuerzo por responsabilizarte del mal que has hecho.

¿Qué más ha descubierto?
Tener resentimiento, no perdonar, tiene graves repercusiones en la salud: eleva el riesgo de infarto y debilita el sistema inmunitario. Lo que significa que los que no perdonan están en riesgo de contraer cualquier enfermedad.

¿Ha realizado investigaciones?
Sí. El rencor eleva los niveles de cortisol, lo que provoca que los tejidos neuronales reduzcan su grosor un 25%; se nos encoge el cerebro. Y también afecta a las funciones digestivas, sexuales y respiratorias; influye en todos nuestros órganos y afecta a nuestra salud mental (depresión, ansiedad y rabia). Estadísticamente, las personas con resentimiento mueren antes.

¿Se puede perdonar sin comprender?
Hay dos tipos de perdón: el racional, decidir perdonar, que no requiere de la comprensión, y el emocional, que implica cambiar las emociones que sentimos hacia esa persona y que requiere comprender las motivaciones del otro, y este es el perdón que sana.

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