Madre a los 16: la historia de superación de Marta Páramo

A los 16 años, los planes de Marta no pasaban, ni mucho menos, por ser madre. Pero un test de embarazo le confirmó que esa era su realidad. Miedo y angustia al principio. Hoy Lucía es lo mejor de su vida.

Cuando le preguntaron en el colegio cómo quería ser recordada al morir ella, entonces pequeña, dijo que quería tener una calle con su nombre, porque quería ser famosa. “Escribir algo muy importante, descubrir algo”. Eso no lo ha conseguido, por ahora. Lo de ser famosa… casi. Muchos la conocen, porque su testimonio de madre adolescente se hizo viral en las redes en marzo de 2015.

Ahora, cuando su hija Lucía tiene ya cuatro años, hace balance de una vivencia que, si bien al principio supuso más de una lágrima, hoy le da tardes inmejorables, “comentando Pepa Pig”.

A pesar de que en nuestro país contamos con más de un millón y medio de estudiantes en las aulas de educación superior y que la edad de inicio de las relaciones sexuales de las chicas se cifra en los 16 años, las jóvenes que deciden ser madres a una edad temprana porque se han quedado en estado de una manera intencionada o no y, de este modo, compaginar su nueva vida personal con su estudios se cuentan con los dedos de una mano. A día de hoy, ninguna universidad cuenta con becas específicas para ayudarles a afrontar esta situación.

Destaca únicamente el caso de la Universidad Ceu San Pablo que ha contado varios años con un programa de ayudas para universitarias embarazadas y madres y padres universitarios sin recursos.

En algunos casos, estas jóvenes aprovechan ayudas como las becas de guardería o de comedor para sufragar algunos gastos de sus hijos.

Una familia invencible

“En 1º de bachillerato llevaba dos años con mi novio y me quedé embarazada. A partir de ahí mi vida cambió”. Así comienza el relato de la joven madrileña Marta Páramo, que actualmente tiene 21 años y compagina su nueva vida con los estudios 2º curso de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y 2º de Filosofía en la Universidad de San Dámaso.

Aunque no buscó quedarse en estado, no se arrepiente de las consecuencias. “Nunca me arrepentiré porque ahora tengo a Lucía y mi vida me encanta. Es diferente, es mejor”.

Sus padres desde el principio le apoyaron. “No pasa nada, adelante, deja de llorar”, le decía su padre cuando les confesó lo que había pasado. “En el colegio también fue bien todo. Se lo conté a la directora y a partir de la 3ª evaluación empecé a estudiar en casa. No me cabía el uniforme y para el resto de compañeras era una distracción. Para no agobiarme con mis estudios pensaba Marta, no te queda otra, estás embarazada”.

Tras superar el primer ciclo de bachillerato, estuvo todo el verano sin salir de casa. A la vuelta, en octubre nació su hija Lucía. Y la aventura prosiguió porque Marta tenía que enfrentarse al último curso del colegio y al inicio de la universidad con una niña entre sus brazos. “Durante 2º Bachillerato cuando podía sentarme, estudiaba porque no me quedaba otra. Los exámenes los estudiaba con Lucía sentada a mi lado. Por la noche le daba de comer y estudiaba a la vez y ya después la dejaba durmiendo. Recuerdo que Selectividad me lo estudié por las mañana mientras mi hija estaba en la guardería“.

Sus sueños universitarios se vieron truncados por Lucía, “no los he podido cumplir”. “Mi intención era estudiar fuera, tenía en mente matricularme en Filosofía en la Universidad de Navarra, pero no podía permitirme pagar una universidad privada, los gastos de mi hija y el alojamiento así que me quedé en Madrid”. También ha renunciado a los planes de verano, “se van mis amigas y yo me quedo todo el verano trabajando por la mañana y por la tarde con Lucía”.

El primer año de carrera lo superó con buenas notas pero poco después se complicaron las cosas. “El año pasado hice 1º de Arte y me fue muy bien pero este año lo tengo un poco abandonado porque no hay turno de tarde en la UAM, que es cuando yo podría ir”. En el campus se siente acogida pero no puede olvidar las reacciones de los primeros días: “Cuando se empezaron a enterar fliparon. Pensaban que lo había hecho aposta… como si a me molara el reto de tener una hija e ir a clase”.

Para afrontar la carrera con éxito, Marta sigue un horario con mucha disciplina. “Por las mañanas Lucía está en la guardería y dos días entre semana por la tarde mis padres se quedan con ella mientras estudio” aunque algún que otro día ha tenido que ir con su hija a ver las exposiciones de arte recomendadas en clase.

A pesar de que sus padres son una ayuda esencial para ella, Marta confiesa que quiere sacar ella adelante a Lucía. “En cuanto pueda me gustaría irme de casa, porque Lucía y yo somos una familia y mis padres en el fondo son sus abuelos… Ahora mismo eso no es posible y lo que hacemos es que la guardería, por ejemplo, la pagamos entre el padre de la niña y yo y estoy trabajando en clases particulares para ganar algún dinero”.

Sus aspiraciones profesionales siguen siendo las mismas que las que tenía cuando Lucía no existía. “Me encanta escribir, me gusta el periodismo, pero supongo que seré profesora por las salidas que tienen mis estudios”.

 

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