Pablo Pineda: “No os conforméis con lo que hay”

Tengo 30 años. Nací y vivo en Málaga. Estoy diplomado en Magisterio y terminando la carrera de Psicopedagogía. Lucho por la defensa de los derechos de las minorías sociales. Creo que vivir sin creer es un poco deprimente. He prologado el libro La vida con síndrome de Down, editado por la fundación Invest for Children.

¿ALGUIEN SABE?

Utiliza un castellano impecable y rico, y tiene sentido del humor. Es un luchador de fondo, nada ha sido fácil: para que pudiera estudiar en la universidad hubo que recurrir a la Junta de Andalucía. Hoy es un hombre feliz y útil que trabaja como preparador laboral de personas con discapacidad y que repite a los padres de hijos con S. D., conferencia tras conferencia, que sus hijos no son enfermos, son personas. “¿Alguien sabe cuál es el mundo interior de los S. D., su escala de valores, sus sentimientos, sus deseos…? – escribe Pablo en el libro que ha editado Invest for Children, la fundación que trabaja para dar una vida mejor a las personas con discapacidad (www. investforchildren. org)- Mírenos, son sólo prejuicios, no nos pongan etiquetas”

Nací en una familia de clase media, soy el menor de cuatro hermanos y soy síndrome de Down (S. D.) con un grado de minusvalía del 33%.

– ¿Fue a un colegio especial? 

– No, estudié en el colegio público. Siempre hemos tenido que luchar para que me aceptaran. Tuve la suerte de conocer a un profesor universitario, Miguel López Melero, que ha sido una persona fundamental en mi vida y que ha luchado a brazo partido para que me aceptaran en la universidad.

– ¿Qué recuerda del colegio? 

– Tengo recuerdos muy buenos, mis compañeros me querían mucho. Fue una época feliz. Lo peor fue segundo de BUP porque me tocaron compañero un poco pijitos, es decir, niños bien que se sentían superiores a mí. Me trataban con altivez y con desprecio. Siempre estaba solo. Aprendí lo que eran los prejuicios. Más de una vez estuve tentado de tirar la toalla.

– ¿Qué tal en la universidad? 

– La sorpresa de ver a un chico como yo en la universidad estaba en la cara de todos, pero me los gané; aunque al final todos desaparecieron. Siempre me pasa lo mismo: la voluntad es buena y el prejuicio grande, así que no dejo poso en la gente. Para personas como yo la lucha y los palos son mayores.

– ¿Qué quiere usted en la vida? 

– Que los niños con síndrome de Down se vean como personas normales y con derechos. Somos los grandes desconocidos, la sociedad no sabe cómo somos, ni qué mundo interno tenemos, no saben nada.

– Pues explíquemelo. 

– Somos personas con mucha sensibilidad, capaces de hacer muchas cosas; pero la sociedad nos minusvalora y nos aparta. El problema no está en nosotros, está en la mirada de los otros. No no nos ven como personas con sentimientos, valores, ética, moral.

– ¿Cree que alguien se cuestiona su moral? 

– A los chicos y las chicas normales los ves cogidos de la mano por la calle, ves como se dan un beso; si eso lo hace un S. D. es escandaloso. Hay quien piensa que no debemos salir ni a la calle y, por supuesto, que tengamos relaciones sexuales es una aberración. Todavía se sigue pensando que el S. D. es una enfermedad. Todo eso se debe superar.

– Hay grados y grados. 

– Yo no hablaría de grados, sino de diferencias. El discurso de los grados no existe, se lo han inventado los psicólogos con su afán por medir. En realidad, todo depende de cómo se nos vea, se nos puede ver como personas o como enfermos.

– Un matiz importante. 

– Sí, porque si nos miran en positivo, somos personas que podemos trabajar, estudiar, amar. No llegaremos a ser Einstein, ni tampoco el 99% de las personas normales.

– Pero usted es el único S. D. en Europa que ha obtenido un título universitario. 

– Porque he sido casi el único en el que se ha conjugado una familia y algunos educadores que han confiado en mí, que han luchado para que tuviera un futuro y fuera independiente. Nunca me han superprotegido, me han exigido y me han dado responsabilidades. Eso que es tan escaso, la confianza, me ha hecho único.

– Es usted muy listo. 

– He tenido la suerte de cruzarme con profesores que me han exigido como a todos, nunca me han hecho una adaptación curricular. Si a una persona la sobreproteges, la condenas de entrada, la dejas sin futuro.

– ¿Cuándo se enteró de que era S. D.? 

– Tenía 7 años cuando López Melero me explicó con mucha calma en qué consistía. Yo le interrumpí: “¿Soy tonto?”. “No, si tú quieres seguir estudiando, tú puedes”. Me dijo lo que yo quería escuchar, que no era tonto; a partir de ahí he luchado por este colectivo con el que me siento tan en deuda.

– ¿Por qué tiene sentimiento de deuda? 

– Porque ser modelo para muchos padres de lo que pueden hacer de sus hijos con S. D. me da apertura y posibilidad.

– Usted, ¿qué pensaba de sí mismo? 

– La medida de mí mismo me la daban los demás. Cuando una señora se me acercaba por la calle y decía: “¡Ayyyy, pobrecito angelito, qué pena!”, me daba mucho coraje. Pero cuando supe lo que era el S. D. me liberé, apareció el espíritu de lucha con toda su fuerza.

– ¿Qué es el S. D.? 

– Es una alteración cromosómica, es así de sencillo, pero después vienen las interpretaciones médicas, pedagógicas, psicológica, neurológicas…, que comienzan a darle el carácter patológico y rizan el rizo. La ciencia lo que ha hecho – y voy a decir una palabrota, con perdón- es convertirnos en una mierda. Se ha escrito mucho sobre el S. D., pero nadie ha venido a preguntarnos qué sentimos, qué creemos, qué queremos.

– ¿Qué es lo importante en la vida? 

– Tener las ideas claras y apostar por tus sueños digan lo que digan los demás. Hay que tener criterio propio y perseverar, porque hay mucha gente que te intenta manipular, y te dicen que algo es imposible porque ellos no se ven capaces. Hay que cultivar la propia personalidad. No podemos conformarnos con lo que hay, ni con la sociedad que tenemos, ni con lo que estamos haciendo con este mundo.

– Es usted muy fuerte. 

– La autoestima es fundamental, por eso repito que yo soy S. D. y a mucha honra. Nuestro problema es el “no puedo”. He tenido la suerte de que me han repetido continuamente: “Tú puedes”. Ese es el secreto de la vida para mí: ideas claras, confianza en uno mismo, amor hacia uno mismo y afán de superación. No os conforméis con lo que hay .

IMA SANCHÍS

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