El caso de Cristo. La historia de un periodista y su amor a la verdad

Se estrena en España una película independiente americana de temática religiosa que, a pesar de su perfil claramente protestante, ofrece una lúcida descripción de la dinámica de la razón humana y de las exigencias de la búsqueda de la verdad. El director Jon Gunn ya había dirigido historias de fe en películas como El poder de la Cruz (2015) o La calle del perdón (2000). En el caso que nos ocupa parte del libro autobiográfico de Strobel The case for Christ, publicado en 1998. El filme recrea el proceso real de conversión religiosa de Lee Strobel (Mike Vogel), importante periodista del Chicago Tribune, que en 1980 entró en crisis cuando su mujer abrazó la fe cristiana. Strobel era un convencido positivista, ateo racionalista, y consideraba el cristianismo un cuento de hadas impropio de gente adulta y moderna. Su filosofía de vida coincidía con su filosofía profesional: se basaba en la fe en los hechos, en las realidades tangibles y demostrables, y por ello era tan exitoso en el periodismo de investigación. Cuando su esposa, Leslie (Erika Christensen), a raíz de un accidente de su hija, entra en contacto con una comunidad evangélica y se convierte, Lee decide –para empujarle a abandonar la fe– demostrarle racionalmente, con hechos, que Cristo no resucitó y que, por tanto, su fe se desvanece necesariamente en una ilusión. Inicia una investigación periodística en toda regla, entrevistándose con arqueólogos, médicos, psiquiatras, biblistas… buscando pruebas de que la resurrección era un fraude. Pero cuanto más avanzaba en las pesquisas, más le desconcertaban los resultados.

La puesta en escena es muy clásica, y a pesar de su modesto presupuesto, no resulta demasiado televisiva. El guion es ágil y la interpretación de los actores sencilla y creíble. Se agradece que el filme no cuente con estrellas glamourosas de Hollywood, en beneficio de su frescura y autenticidad. El caso de Cristo va narrando el proceso de investigación junto a dos tramas paralelas muy importantes: por un lado, el deterioro progresivo de la relación matrimonial, a pesar de la inquebrantable fidelidad y amor de la mujer de Strobel; y por otro, un caso periodístico en el que él trabaja, sobre un pandillero negro acusado de matar a un policía. Esta última historia es especialmente importante, pues ilustra acertadamente la dinámica del prejuicio humano, algo que imposibilita un verdadero conocimiento de las cosas, y que va a suponer un cataclismo en el impecable expediente profesional de Strobel. Si él ha fallado en la aplicación de su método, por someterlo a un prejuicio inconsciente, ¿no le puede estar ocurriendo lo mismo en su investigación sobre Cristo?

Aunque la atmósfera espiritual del filme es claramente protestante, es muy interesante que el personaje llega a la fe, no solo por las evidencias racionales, que también, si no por el testimonio de su mujer, el testimonio de su amor. De esta forma, se evidencia la necesidad de la mediación en el camino de la fe, la mediación de carne y hueso que está en el centro de la concepción católica de la fe.

Fuente: Alfa y Omega.

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